Donnerstag, 9. Juni 2011

En el laboratorio de química

El profesor de aquellos anteojos grandes y redondos entró al aula, con su pantalón negro, sus zapatos sin lustrar desde hace dos meses y su camisa blanca favorita, la cual lleva siempre un recuerdo de cada práctica de laboratorio, una clave de que el trabajo con esos reactantes y sus respectivos productos le han impregnado su vida de ese sentimiento que fluye en él y lo hace moverse de tal manera dentro del plantel escolar como en las calles de la ciudad.

— ¡Muchachos, saquen sus libretas! Tomen un lápiz, pluma y un color rojo y otro azul. ¡Ah!, casi lo olvidaba! También un color amarillo y otro verde. Los necesitaremos — ya se perfilaba para salir del salón, cuando derreprente le llega a su mente algo que nunca puede faltar en cada sesión de laboratorio. Algo sumamente esencial —. ¡Oh, y quien no lleve su bata de laboratorio consiga una lo más pronto posible, sino no podrá entrar a la práctica de hoy y su calificación decrecerá por tres puntos!

¡Aj!, ¿no podría de dejar de decirnos lo mismo todos los miércoles? ¡Es detestable! comentó con cierto enojo Karen, quien siempre se veía molesta con los tontos comentarios de este maestro de gafas pasadas de moda y ridículas, como así ella las criticaba.

Creo que sus intenciones no son para molestarnos. Además, no creo que seas de sus alumnas más odiadas. ¿Recuerdas que te dió un punto en el examen antepasado? respondió Lore.

Sí, ¡pero eso qué! Fue hace tiempo, antes de que reprobara aquel maldito examen de la tercera unidad. ¿Lo recuerdan? comentó esta chica con un gesto de sobresalto, recordando no gratos momentos.

¡Ja, cierto! testimonomió Daniela con una risa que se le escapó . Yo casi lo reprobaba, pero gracias a Leo que me pasó las respuestas de las preguntas abiertas, pasé el examen.

¡Conque te habías copiado! gritaron al mismo tiempo Lorena y Karen, algo enfadadas.

Bueno, pues, la verdad no fue mi culpa. Él me ofreció su ayuda mostrándose algo apenada y sonrojada, seguramente por el recuerdo del chico de los cabellos rizados.

¡Chicas, ya salgan, o sino me veré obligado a bajarles su promedio! advirtió el profesor Roda, quien imparte estas clases de química.

¡Sí, ya vamos! contestaron las tres y agarraron todas sus cosas.

Lorena no había llevado

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