Donnerstag, 9. Juni 2011

Acto primero

ACTO PRIMERO

Escena I:

Primavera fría

Habiéndose citado previamente por teléfono, Rafael y Lorena se encuentran en el parque de la colonia Andanzas, donde solían pasar gratos momentos juntos bajo las sombras de los abedules y algunos opulentes tilos.

El cielo azul pretende oscurecerse con un conjunto de nubes grises y espesas, que probablemente producirán una mortal lluvia de Abril. El viento ya se encontraba soplando por las calles, y los alrededores se estaban quedando despoblados debido al clima que se aproximaba.

Lorena — [Muy delicada y suave, se abraza de los brazos de Rafael. Se alegra y le sonríe] ¡Amor! ¿Cómo has estado? ¿Algo te acontece? ¿Por qué me has llamado?

Rafael — [Pretende mostrar una sonrisa, pero con toda severidad muestra un rostro más serio y al mismo tiempo desdichado] ¡Querida Lorena! La verdad por la que quería citarnos aquí, era... ,pues el recordar todos aquellos lindos momentos que hemos pasado ambos durante nuestros dos años de noviazgo, lo cual...

Lorena — [Interrumpiendo al muchacho fornido, agarrándole de sus brazos escondidos en esa chaqueta de piel] Lo cual ha sido maravilloso, cosa que no podría ser reemplazada en este mundo. ¡Te amo! [Le abraza tierna sobremanera]

Rafael — [Quiere recobrar el hilo de sus palabras que quería transmitirle a la pobre niña. Traga algo de saliva y sus manos le toman de una manera más fuerte la cintura] Lo sé. Nos hemos amado. [Hay un breve silencio que para la linda mujercita dura una eternidad. Ambos se miran el uno al otro. Lorena respira profundo y suspira. Rafael sólo la mira, como si el tiempo se le agotase.] Te seguiré amando, y te recordaré, como la chica más dulce que he conocido, como...

Lorena — [Se siente alabada por las palabras recientemente dichas de este joven; empero, ella presiente un tono de voz diferente y además intuye algo escondido en todo eso. Se separa un poco del pecho cubierto de la chaqueta.] ¿Sucede algo que me quieras decir? Dímelo, sabes que confíamos el uno con el otro. Dímelo.

Rafael — Mira, Lorena. Creo yo, que el tiempo ha llegado para los dos. Hemos cambiado un poco, y para mí, las circunstancias me hacen tomar algunas decisiones,...

Lorena — [Nuevamente interrumpiendo a Rafael. Ahora sintiendo un súbito temblor en su enjuto cuerpo. Sus ojos padecen algo de inestabilidad.] ¿De qué circunstancias hablas Rafael? ¿A qué te refieres? No te entiendo.

Rafael — Lorena, cariño. Te aprecio bastante. Eres una chica especial y encantadora. Me da pena decirlo, pero, pues como lo he dicho, las circunstancias me obligan a tomar ciertos pasos.

Lorena — [Pobremente temblando casi por completo. La brisa caía ya en el pavimento.] ¿Ciertos pasos? ¡Rafael! ¿Qué sucede!

Rafael — Creo que aquí nuestra relación, nuestro noviazgo acaba. No puedo más, amarte más no puedo. La pasamos bien; y créeme, encontrarás después a alguien que pueda amarte lo que yo no pude. ¡Lo encontrarás!

Lorena — [Sintiendo mil flechazos directos al corazón y un torbellino que azotaba su persona. Ya algunas gotas de lágrimas caían también sobre el asfalto de la banqueta.] ¿Por qué? Amor, ¿por qué? ¿Qué hice? [Su alma se estremecía con cada palabra que decía, pero más con cada una de las pronunciadas por el joven.]

Rafael — Tu amor. Me amaste tanto, pero no dí suficiente. Sinceramente, creo que no deberías amarme más. Y con este último beso deberemos de olvidar esto, y este mal momento que nos acecha. [La besa sin sentimiento alguno en los delgados labios de la muchacha. Termina el beso, y Lorena sigue con sus ojos cerrados y con el aliento que le falta.]

Lorena — [Recuperando un poco de aliento, responde.] No, Rafael, no. ¡No puede ser! Me amaste lo suficiente. ¡Esto no puede ser así! Dime, ¿qué te ha provocado hacernos esto?

Rafael — No puedo explicarlo más. Es solamente el sentir de que no puedo más. De que no podemos más. Fuiste muy buena conmigo, y eso te lo aprecio. Pero...

Lorena ¿Qué será de tí? ¿Qué haré sin tí? [Su voz se podía escuchar atormentada. El llanto todavía estaba mantenido a raya por Lorena.] No puedo, no puedo vivir sin tí, Rafael.

Rafael Lo sabrás hacer. Mientras tanto, olvidemos esto, y continuemos con nuestras vidas. Nos seguiremos viendo, tú sabes.

Lorena ¡No! ¡No será lo mismo! [Se detiene, y toma algo de fuerza para seguir hablando.] ¿Acaso... , acaso hay alguien más?

Rafael ¿Alguien más? ¿¡Entre nosotros!? [Quitando la vista de ella y viendo hacia las calles asediadas por la precipitación. Volviéndo de nuevo, pero con una pequeña dificultad, a los ojos temblorosos de Lorena.] No, nadie. No es por terceras personas. Entiende.

Lorena ¿Entonces? ¿Por qué razón?

Rafael En pocas palabras creo haberlo dicho ya. [La toma del brazo izquierdo ahora.] Ven, te llevaré a tu casa con tu tía.

Lorena ¡No! No tienes por qué hacer esto. Puedo irme sola.

Rafael [Insistiendo.]¡Aunque sea déjame acompañarte! Puedo hacerlo.

Lorena — ¡No! Aquí, como has dicho, ...[Sus lágrimas salen al borde de sus ojos, brotando con tanta fluidez.] ha terminado todo. [Sale con pasos rápidos por la calle que está a cinco cuadras de su casa.]

Rafael [Recuperando su compostura. Con un aire de satisfacción.] ¡Chicas! Espero que todo me salga bien a partir de ahora. No quisiera llorar. [Muestra una temible sonrisa y parte por el otro extremo del escenario.]

Escena II:

Aparece Lorena con su semblante pálida y unas cuantas lágrimas cubriéndole su rostro. Abre la

puerta Isadora, la tía de esta muchacha. El clima seguía precipitándose y Lorena no podía más

estar sin alguien que le ofreciera una compañía placentera y tranquila.

Isadora [Notando con importancia la condición de su sobrina] ¡Pero mi Lore!, ¿qué te ha sucedido? ¡Pasa ya, que la tormenta seguirá probablemente hasta mañana y estás empapada totalmente! ¡Pasa, pasa ya!

Lorena entró y se colocó en ese sillón tan grande y voluminoso que le daba una sensación de

comodidad y ternura, un compañero en tardes de soledad y un gran espacio para descansar tras horas de

arduo estudio nocturno.

Su peluche de pastor alemán aún se encontraba ahí, desde la última vez que ella y

la vecinita estaban jugando con Lucas, como se llamaba así este can de felpa.

Keine Kommentare:

Kommentar veröffentlichen