Lorena se hallaba sumamente en silencio, sentada en la silla que quedaba en medio de otras dos más vacías, frente a una mesa casi desierta con la excepción de un pequeño libro que era devorado a pedacitos por los ojos de esta ávida lectora. La biblioteca estaba en su periodo de abundancia de lectores, ya que era casi el final del ciclo escolar, y las actividades que comúnmente se ofrecen en verano comienzan ya a aparecerse. Lorena comúnmente solía aparecerse por ahí, según ella tenía pensado, inadvertidamente, pero sin saberlo era presa de los hambrientos ojos de los pocos nobles jóvenes tímidos que también le daban una visita de cuando en cuando a este recinto de libros. Siempre asistía en cierto horario, ya que el salir más tarde provocaría que ella llegara todavía más tarde a su hogar, no agradando a sus padres.
Seguía leyendo profundamente este librito, que ciertamente le llamaba la atención a todo mundo, y se preguntaban cómo un libro de aparentemente poco contenido puede atraer a una persona por demasiado tiempo y por demasiadas sesiones. Esto sí que resultaba un misterio. Pasaba con paciencia las páginas, y podía asomarse vagamente la esquina de una sonrisa tímida con ganas de explotar, pero que comúnmente era controlada por Lorena.
Keine Kommentare:
Kommentar veröffentlichen