En aquellas tardes doradas, bajo la clara intemperie, vivían silenciosos y amistosos, los más de un millón de gentiles hombrecillos, con una vida tan tranquila y ardua; sencillos y amorosos con los seres de la tierra, amantes de la naturaleza y conocedores de este mundo tan vasto y extraño. Es esta la vida de los seres de los cuales estudiaremos y aprenderemos demasiado. Entre pequeñas aldeas, bosques y caminos, nos encontraremos con los pasos de estos seres, con numerosas familias y los secretos del universo.
Gnomos, que han abierto las puertecillas de sus habitaciones para dejarnos vivir con ellos y saber de sus vidas, os agradecemos vuestro favor. Guiadnos en este mundo de gentes tan variadas y presentadnos la verdad que todos buscamos. Relatadnos las grandes historias de vuestras personas, guerreras de corazón, trabajadores con pasión y conocedores con cultura.
Nosotros, [por continuar]
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