Odiaba no poder realizar las actividades recreativas que planeaba para sí mismo. Era muy terco, incluso en la derrota resignada. Si no podía visitar algún lugar especial, iba directo a casa, vacío y con los deseos esparcidos, la inquietud amarrada y la alma seca. No había más opción: encerrarse en sus libros e ideas, planeando nuevamente su siguiente paseo solitario y reflexivo.
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