Freitag, 18. März 2011

¿Quién es Jessica Luna? Parte 1

No habían pasado ni dos semanas después del catorce de febrero y las parejas seguían paseándose románticamente en los parques, los melancólicos cantaban canciones de amor bajo la lluvia y yo sigo aquí en mi habitación, encerrada, escribiendo sobre los demás. Esa tarde lluviosa, desde mi ventana, pude observar que en la casa de Mariana había mucha gente congregada, y por lo que se podía escuchar, una fiesta muy efusiva estaba siendo ofrecida a alguna persona en particular, y no precisamente a la misma Mariana, a Alfredo o a alguien de sus padres. Algún extraño era festejado y no veía a nadie de mis amigos, excepto a los hermanos Alcalá, en la fiesta.

La poca gente que caminaba en las calles gustaba asomarse un poco para averiguar de qué se trataba, y tras unos breves segundos, retomaban su camino. La lluvia no detenía la fiesta, y la música se escuchaba alegre y se presentía diversión entre la familia. Pasaron las horas, la noche apareció y la lluvia sólo se calmó, mas no se esfumó, y los autos de los invitados seguían ahí en la calle, mojados, esperando para partir a casa, donde seguramente la protección de la cochera o algún frondoso árbol les cubriría de la lluvia.

Poco a poco se iban despidiendo los visitantes, dejando solamente un último coche en frente de la casa de Alfredo. Las luces seguían encendidas y las siluetas eran casi el doble de lo que son normalmente. Muy seguramente la persona festejada se encontraba ahí, con la familia Alcalá Luna y los demás acompañantes. Después de unos largos minutos, todos salen juntos, la familia anfitriona y la familia visitante, pues estos últimos estaban conformados por un hombre alto y delgado, una mujer no muy alta y no muy delgada, y una joven esbelta, de cabellos rubios y una piel muy clara. Supe que ella era la festejada, pues traía algunos obsequios en sus manos.

La despedida de estas dos familias fue muy grata, pero la que hubo entre Mariana y la chica rubia fue muy emotiva, con un abrazo profundo, que todos quedamos conmovidos. Tras esto, todos regresaron a sus respectivos lugares, y yo finalmente pude acostarme sobre mi cama, cuestionándome quién era la niña de cabellos dorados y qué relación había entre ella y Mariana.

Si Mariana y yo somos buenas amigas, no veo por qué no me presente a su querida amiga. Al decir verdad, me interesa conocerla. Tras esto, cerré los ojos y no supe en qué momento fue, pero mi descanso terminó cuando escuché el despertador sonar a las seis de la mañana. Otro día de escuela.

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