Salí al centro de la ciudad a visitar la enorme biblioteca, la cual comúnmente está vacía, a excepción de cuando hay algún curso de verano infantil o alguien lo suficientemente popular (más que erudito) para atraer a la gente que no se pararía en una biblioteca, ni siquiera para conocer gente. Tras haberme registrado, caminé hacia la área de literatura, pues sólo traía ganas de llenarme un poco de cosas ligeras y no sobrecargarme, como la otra vez que me dediqué a realizar una pesada investigación sobre la revolución francesa.
Buscaba algo cercano, no quería a ningún dramaturgo ruso ni tampoco las vidas desordenadas de quienes gustaban del cognac o de los burdeles. Esta vez buscada poesía. Quería sentirme halagada con las frases de algún apuesto caballero, que se inclinara ante mí con un enorme ramo de rosas y un humilde saludo cortés, para más tarde yo agradecerle y besarle. ¡Oh, bellas poesías!
No hallaba algo nuevo, pues ya había consumido gran cantidad de lindas canciones y rimas que retumbaban en mi mente. A todos los conocía: [...]
Buscaba algo cercano, no quería a ningún dramaturgo ruso ni tampoco las vidas desordenadas de quienes gustaban del cognac o de los burdeles. Esta vez buscada poesía. Quería sentirme halagada con las frases de algún apuesto caballero, que se inclinara ante mí con un enorme ramo de rosas y un humilde saludo cortés, para más tarde yo agradecerle y besarle. ¡Oh, bellas poesías!
No hallaba algo nuevo, pues ya había consumido gran cantidad de lindas canciones y rimas que retumbaban en mi mente. A todos los conocía: [...]
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