Mittwoch, 10. November 2004

(Am 10ten. November, 2004)

Bajo el oscuro y sereno firmamento me encontraba, abatido después de una caída estelar. El dolor llegó a mi cabeza, luces nuevas centellaron, voces nuevas me hablaron, y sólo movimientos vagos pude hacer. Volví a caer sobre la pradera verde y observé a las estrellas, culpables de mi dolor, de mi caída y de mi estupidez. Un aroma suave y dulce percibí mediante el viento púrpura. Me levanté y sentí la brisa rociándonos al bosque y a mí. Seguí el camino púrpura; llegué con la bestia perfumada, a quien ya conocía. Reconocí su inmensa desesperación y viveza. ¡Gritó y gruñó!; aleteaba rápida y ferozmente. ¡Gritó y gruñó!; anduvo de lado a lado meneando su cola. ¡Gritó y gruñó!; sacudió su melena gris y me mostró sus filosos cuernos. ¡Gritó y gruñó!; su hocico y sus penetrantes rojos ojos observé. Gritó…

No entendí lo que intentaba este animal. La niebla empezó a interponerse entre ambos. La bestia esfumábase y gruñó. Avancé a donde ella, pero algo desconocido me detuvo. De repente, el animal apareció ante mí, me tumbó tremendamente, con tal fuerza que quedé de nuevo inconsciente. ¡Grité y gruñó! La brisa seguía cayéndonos y yo seguía caído sobre la pradera. Pasó un momento para recuperarme y andar de nuevo sobre piedras y pastos. Mi nombre, no puedo recordarlo, ni mi edad; no sabía cómo era, qué tan viejo o joven era.

La maldita luna y sus cómplices estrellas burlábanse de mí. No pude evitar una desesperación interna de saber quién rayos era yo; quise golpear a la hermosa y blanca luna, agarré una piedra, la cual se la lancé. Tal piedra no llegó y cayó. Cayó, yo no sé a dónde y seguí caminando. La noche también caía y me burlé de ella. Sin darme cuenta, el agua ya estaba cubriéndome hasta las rodillas, avancé y me sumergí. La noche me pintó de un azul oscuro bajo la tierra. Fue allí donde vi a seis estúpidos sujetos vestidos de verde, aleteando como si tratasen de competir a ver quién era el que llegara más lento al otro lado; al otro lado que no conozco y los malditos seis sí.

Seis sonrisas hacia mí observé, seis burlas con sus ademanes correspondientes. Cada vez los veía algo arriba de mí; ahogándome. Entre los seis me cargaron sobre sus duras espaldas de piedra y me llevaron a la superficie. El aire morado volvió a mis sentidos y la vista cada vez era menos azul intenso, aunque mi dolor si se intensificó. Voces roncas y pausadas escuché, y percibí tres. Pues, eran tres de estos individuos lo que charlaban y discutían. No pudiendo entender sus jergas de tontos, decidí levantarme. Una voz fuerte y recia me dirigió la palabra. No pude evitarlo, voltié. Al fin ví algo no extraño. Una figura delgada y de hombre, cubierto por una túnica café […]

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